Dos tendencias actuales en geopolítica son las tierras raras y los cables submarinos. Las primeras porque China tiene la sartén por el mango y son esenciales para la construcción del mundo actual. Los segundos porque no se puede entender ese mundo sin ellos y estamos viendo que son un elemento de presión en un escenario como el de la guerra de Ucrania.
Los cables submarinos son el perfecto ejemplo de globalización, el elemento que permite que prácticamente todos los países estemos interconectados y que podamos disfrutar de líneas telefónicas, Internet o sistemas de streaming tal y como lo hacemos en la actualidad. Nuestros océanos están repletos de estos cables y son compañías como Meta o Google las que están invirtiendo muchísimo en aumentar su número debido al auge tanto del streaming como de la IA.
Y no es un plan sobre el papel: ya están trabajando en el sendero que recorrerán los cables, con la intención de protegerlos lo máximo posible, puesto que algunos tramos estarán a 7.000 metros de profundidad cerca de fallas de alto riesgo.
Precisamente Meta, que ya estaba trabajando para desplegar un descomunal cable de más de 7.000 kilómetros, acaba de anunciar uno que dará la vuelta al mundo: un megacable que interconectará más de 50.000 kilómetros.
